lunes, 20 de enero de 2014

El periodista de la BBC Peter Bowes se sometió a una prueba de científicos de California que estudian los efectos de las dietas basadas en ayunos intermitentes. En la última de las tres entregas, nos explica los cambios que experimentó su cuerpo.
Cuando decidí participar en el ensayo clínico de una dieta de ayuno intermitente, comencé a sentir cambios corporales que no me sorprendieron. Tras comer muy poco durante cinco días al mes, perdí peso y tenía hambre. Me sentía más alerta la mayor parte del tiempo, a pesar de que me cansaba con facilidad.II: La supervivencia de las 500 calorías
Pero después del período de control (dieta normal), así como mi peso, mi presión arterial volvían a sus no tan saludables niveles originales.Por otro lado, las pruebas clínicas mostraron que durante los ciclos de dieta mi presión arterial sistólica se redujo en aproximadamente 10%, mientras que la presión diastólica se mantuvo casi igual. Para alguien que a veces sufre de hipertensión, esta es una noticia alentadora.
Los investigadores ahora buscan probar si los ciclos repetidos de la dieta pueden ser utilizados para controlar la presión arterial en el largo plazo.
No obstante, no todas las consecuencias de la dieta se desvanecieron tan rápidamente.
"Lo que estamos viendo es que algunos de los efectos se mantienen, incluso cuando se reanuda la alimentación normal", explica Valter Longo, director del Instituto de Longevidad de la Universidad del sur de California, que ha observado resultados similares en roedores.
"Es una muy buena noticia pues eso era exactamente lo que esperábamos lograr".
Los cambios más interesantes se evidenciaron en los niveles del factor de crecimiento insulínico tipo 1, conocido como IGF-1 (similar a la insulina). Se cree que altos niveles de esta proteína producida por el hígado aumentan los riesgos de cáncer colorrectal, de mama y de próstata. Niveles bajos reducen esos riesgos.
"Estudios en animales han demostrado que este es un factor de crecimiento que está asociado al envejecimiento y a varias enfermedades como el cáncer", explica Longo.
Pruebas en ratones han demostrado que una dieta extrema -similar a la que yo experimenté- hace que los niveles de IGF-1 disminuyan y se mantengan bajos durante un tiempo, después de volver a comer normalmente.

Fase experimental

Sería muy beneficioso si el ayuno intermitente consigue desencadenar una respuesta que aumente la capacidad del cuerpo para repararse a sí mismo, pero aún se requiere mucha más investigación para confirmar estas observaciones.
Esta dieta está todavía en fase experimental, pues aún se están estudiando los datos del ensayo. Otros científicos analizarán eventualmente las conclusiones de manera independiente e incluso podrían intentar replicarlas.
"No nos gusta emitir juicios basados únicamente en un descubrimiento inicial. Quisiéramos tener más pruebas que nos confirmen que estos hallazgos pueden ser aplicables en la población general", explica el doctor Lawrence Piro, oncólogo del Instituto de Investigación Clínica de Los Ángeles.

"Creo que el ayuno es un mecanismo muy eficaz. Son piezas de un rompecabezas, que aunque aún no está claro del todo, ya ha sido dibujado. Creo que podemos estar muy contentos porque es posible que haya un importante descubrimiento allí. Debemos ser optimistas".
Los ensayos clínicos futuros se centrarán en los miembros "en riesgo" de la comunidad -obesos- para medir su respuesta a una dieta severamente restringida.
Si se comprueba que esta dieta, u otra de ayuno intermitente, es eficaz y sostenible en el tiempo, podría tener profundas implicaciones en la pérdida de peso y en la forma en la que los médicos luchan contra las enfermedades de la vejez.
Esta es la última de tres entregas sobre el ensayo del periodista Peter Bowes publicadas en nuestro espacio de Nutrición de los domingos. Las dos anteriores son: clic¿Sirven las dietas de ayuno intermitente? y clicCómo aguantar los ayunos intermitentes

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